abril


De llorar de felicidad, de gritar de rabia, de correr bajo la lluvia sin poder parar de reír, de que se te caiga el mundo encima. De no hacer caso de nada que te digan. De saber que lo que haces no es lo correcto y aún así hacerlo, de sonrisas cómplices, de pegar un portazo, de perder el control, de dejar de pensar y de promesas por cumplir. De caerse del sueño, de mirar fotos, de saber que no te gustaría la verdad, de ver cómo se le llenan poco a poco los ojos de lágrimas, de abrazos largos y de frases cortas. De recordar una sonrisa, de levantar la mano para tocar el cielo y que parezca que realmente lo tocas con la punta de los dedos-

domingo, 13 de febrero de 2011

uno

- ¡Eh, Abril, tss!.- Alguien susurra mi nombre.- ¡Despierta! Abril, la profesora te está mirando...
Abro los ojos. Clase de 3ºA. 8:32 am, puedo ver la hora en mi reloj de muñeca. Tengo sueño. Helena, mi compañera de mesa, me sacude.
- ¡Abril!.- Insiste.- ¿Me oyes? Levanta la cabeza.
Le hago caso, quién sabe si puede ser importante. Miro a mi alrededor, las luces de bajo consumo me ciegan durante unos segundos. Laura, la profesora de lengua, me mira fijamente desde su mesa.
- ¡Anda, Abril!.- Dice con su voz chillona, mientras pone cara de falsa sorpresa.- Has decidido volver con nosotros.
Alguien echa una risa ahogada.Me dan ganas de pisarle la cara al imbécil de la risita. Pero sin rencor, ¿eh?. Me froto los ojos somnolienta. Trato de que no se note que estoy bostezando sin muchos resultados. De todas maneras, qué más da.
- ... y como vuelva a pillarte dormida, vas a llevar una nota para casa, y hablaré con tu tutora.- No me había dado cuenta, pero lleva hablando un buen rato, y no he escuchado una palabra de lo que ha dicho.
Asiento, para ver si así se calla.
- Perdón.- Consigo decir tras unos segundos de meditación. Siempre pienso más despacio cuando me acabo de levantar. Me sale una voz que parece de ultratumba.
Joder, es que esto es demasiado. Me muero de sueño. ¿Por qué me acosté tan tarde ayer? Ah, si: El maldito trabajo de historia. Tengo que replantearme esto de dejarlo todo para el día antes. Bueno, para la noche antes, mejor dicho, cuando me doy cuenta  de que es para el día siguiente y me quedo de madrugada terminándolo. Miro la mesa, llena de rayajos de boli. Apoyo mi cabeza en el brazo, que apoyo sobre la mesa. Se escurre. Lo llevo de nuevo a su sitio. Se vuelve a escurrir. Desisto. Cambio de postura, estiro la espalda y me apoyo en el respaldo de la silla. Miro hacia la pizarra, haciendo como si atendiera, pero con la mente en otra parte. Miro el reloj ¿está estropeado? Las 8:34 am. ¡Sólo han pasado dos minutos! No es posible, han sido por lo menos diez.
- ¿qué toca después?.- Le susurro a Helena, que usa la blackberry para hablar con su amiga Alicia por debajo de la mesa.
- Creo que inglés, pero no estoy segura. - Responde, sin apartar la mirada del teléfono.
Asiento, y abro la agenda para comprobarlo. Tardo unos segundos en encontrar la página. Aquí está. Inglés, de nueve a diez.
- Sí, es inglés.- Le digo, girando la cabeza en su dirección, y añado.- ¿está Andrés conectado? Dile que si al final va a coger el bus de y diez.
- Sí, si está. Ok.- Teclea rápidamente. Miro de nuevo el reloj. Sólo ha pasado un minuto y medio.¿qué pasa esta mañana, que el tiempo va tan despacio?
- Dice que no, que se queda hasta y media en un castigo.- Me informa Helena unos segundos después.
- Joder, ¡siempre hace lo mismo! .- Susurro.- Y luego me toca esperar en la parada con Nerea Campos, esa chica morena del C.
Me lanza una mirada de compasión, y sigue tecleando en su blackberry.
La clase transcurre sin la más mínima irregularidad, ni si quiera llaman la antención a Sergio. Increíble. Mirando por la ventana, vemos como va, poco a poco, saliendo el sol en el horizonte. Bueno, el horizonte queda como si fuera un sitio bonito. Y definitivamente, no lo es. Más bien, el sol va saliendo entre las casas de las múltiples urbanizaciones que rodean el colegio. Precioso. Toca inglés. Hasta que llega el profesor, que siempre suele tardar, nos levantamos de nuestros sitios y comenzamos a hablar.
Las dos siguientes horas pasan rápido. Y cuando me doy cuenta, estoy saliendo del colegio.
- ¡Eh, Abril!.- Llego a la parada del autobús, arrastrando los pies y mirando al suelo. Nerea me saluda con entusiasmo, apoyada en una alambrada. Joder, menudo trayecto me espera.
- Hola Nerea.- Sonrío falsamente.Odio sonreír falsamente, pero es que no me apetece ponerme borde con ella, sólo quiero llegar a casa cuanto antes.

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