abril


De llorar de felicidad, de gritar de rabia, de correr bajo la lluvia sin poder parar de reír, de que se te caiga el mundo encima. De no hacer caso de nada que te digan. De saber que lo que haces no es lo correcto y aún así hacerlo, de sonrisas cómplices, de pegar un portazo, de perder el control, de dejar de pensar y de promesas por cumplir. De caerse del sueño, de mirar fotos, de saber que no te gustaría la verdad, de ver cómo se le llenan poco a poco los ojos de lágrimas, de abrazos largos y de frases cortas. De recordar una sonrisa, de levantar la mano para tocar el cielo y que parezca que realmente lo tocas con la punta de los dedos-

jueves, 17 de febrero de 2011

dos

-¡No te vas a creer lo que ha pasado hoy en el comedor!- Exclama cuando estoy lo suficientemente cerca.Sonríe emocionada, feliz de saber que tiene a alguien más a quien contárselo.
Sonrío un poco, a saber.
- ¿El qué?.-Levanto un poco la barbilla, echando una mirada de reojo a la puerta del colegio para ver si Andrés viene a salvarme en el último momento.
- ¿Sabes quién es Sara Olea, la del B?.- Me pregunta, entrecerrando los ojos y levantando una ceja.
 Ya sé quién es. Asiento.
- Pues resulta que hoy, en el comedor, he visto que iba de la mano de... Martín.- Bastan esas simples palabras para comprender mucho. Sonríe, emocionada, aunque no sé muy bien por qué.- ¡De Martín González!
Sí, ya sé quien es Martín. Como para no saberlo. Lleva gustándome desde que tengo memoria. Pero eso sólo lo sabe Julieta, así que no digo nada. Vuelvo a echar una mirada a la puerta, el conserje está cerrando, y el autobús está por llegar. Me doy cuenta de que el silencio que se está creando no es bueno.
- ¡Con Martín!.- Exclamo, intentando parecer interesada, para romper el silencio.- Vaya...
Nerea asiente abriendo mucho los ojos.
- Dice Bárbara que llevan sólo dos días, que todo pasó en la fiesta que organizó Raúl Vázquez, el de 4º, en su casa el Sábado, que él había bebido mucho y que.. bueno, ya sabes cómo es Sara.- Me lanza una mirada, como sobreentendiendo que ya sé de qué habla. Y lo sé. Es una auténtica guarra, y, entre otras cosas, una falsa, también.
 Cinco meses antes. La música me perfora los oídos. He olvidado mis lentillas, no puedo ver nada, pero bueno, tampoco serviría para mucho en este  sitio. Las fiestas no son mi lugar preferido, sobre todo, si no encuentro a nadie conocido. Necesito que alguien me lleve a casa, pronto, mi madre debe de estar histérica, teniendo en cuenta el número de llamadas perdidas que he visto en mi móvil hace dos minutos, cuando he conseguido ver la pantalla sin llevarme un codazo. Le diré que estoy en casa de Julieta, y que se me ha ido la batería. Pero, ¿y si me pregunta por qué no llamé al fijo? eh.. En estoy momentos no soy capaz de pensar una excusa lo suficientemente buena. ¡Eh, me ha parecido ver a Sara! Ah, no sólo es una chica que también lleva una camiseta azul.¡ Joder! Me dijo que me llevaría en moto en cuanto se lo pidiera, y no la veo por ninguna parte. Mi madre me va a matar. Alguien me coge por la cintura.
-¡Eh, guapa!.- Dice un chico rubio, que es quien me ha agarrado.- Ven aquí...
Me acerca hacia él. Apesta a alcohol. Me da asco. Me separo de él, y me suelto de su mano, que intenta retenerme. Avanzo más rápido, para perderle de vista. Arrugo el gesto, menuda gente. La música sigue su ritmo, incesante. Me llevo un codazo. Lo devuelvo. No sé cómo Sara ha conseguido convencerme de venir, si ella sólo conoce a dos personas y yo a nadie. Uf, odio cuando hace estas cosas, sólo me tiene para por si acaso no consigue ligar con el tío en cuestión. Se lo voy a decir mañana por la mañana, la llamaré, y le diré que ya me toca las narices. Si no la encuentro ahora, lo que es muy probable.
Unas horas después, me encuentro en mi casa, con Sara a mi lado, tambaleándose.
- No me lo puedo creer. Sinceramente, Abril, yo te tenía por una persona inteligente.- Mi madre da vueltas en el salón. De la mesa donde comemos, al mueble de la tele, continuamente, de un lado a otro.- Ahora qué les vamos a decir a los padres de Sara, les puede dar algo si saben que su hija no recuerda casi ni su nombre. Les voy a llamar. Y se lo voy a decir.
- ¡No, mamá, no, por favor, la van a matar!.- La defiendo, desesperada. La que la va a matar soy yo mañana, cuando esté consciente.- ¡Que se quede a dormir, por favor! ¡Por favor!
Mi madre niega con la cabeza. Suspira.
- Si luego te preguntan, no me cargues el muerto, diles que estoy muy enfadada porque entrasteis a escondidas por la noche, ¿de acuerdo?.- Se va a dormir, sin decir nada más. Mi madre a veces es genial. En la mayoría de los casos, es un poco pesada, qué digo, es un auténtico coñazo. Pero tiene sus momentos. Aunque la pena es que no sirvió para nada.
Hoy. Sara les dijo a sus padres que yo la había convencido para que fuéramos a la fiesta, y que me había tenido que suplicar para que la dejara quedarme en mi casa a dormir. Todo para no quedarse una semana sin ordenador. Sus padres la creyeron, cómo no. Y me retiraron la consabida invitación casi semanal a ir a dormir a su casa. Desde esa noche, no hemos vuelto a hablar. Ni si quiera me mira. Pero yo siempre me acuerdo de cómo me dijo gracias entre lágrimas cuando la presté un pijama y nos dormimos esa noche.
Me da tiempo a acordarme de eso en el trayecto de autobús. Ha llegado mi parada. Me bajo rápidamente, quiero llegar a casa cuanto antes. Me despido de Nerea con una sonrisa y bajo del autobús. Curiosa persona, Nerea. Necesita las historias de los demás para no aburrirse con las suyas propias.

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